Malvinas: Héroes en la trinchera y en la memoria

Malvinas: Héroes en la trinchera y en la memoria

Cada 2 de abril, la patria recuerda a quienes lucharon en Malvinas. Soldados que enfrentaron el frío, el miedo y el olvido. Pero también hay héroes de la palabra, como Juan Carlos Rufanacht, cuya poesía mantiene viva su memoria.

 

La memoria que late en cada verso

 

Cada 2 de abril, el alma de la patria se estremece. No es solo una fecha, es un latido profundo en el corazón de Argentina. Es el eco de un juramento hecho en la trinchera, la mirada de un joven que dejó todo por su bandera, el dolor de una familia que aún espera el regreso. Es, también, el compromiso de no olvidar jamás.

La Guerra de Malvinas dejó cicatrices en la historia y en la piel de quienes la vivieron. Hombres que partieron con apenas 18 años, con un fusil en las manos y un rosario en el pecho, enfrentando el frío, el hambre y el fuego enemigo. Algunos volvieron con el peso del horror a cuestas; otros quedaron allá, abonando con su sangre esas tierras que siempre serán argentinas.

Pero hay batallas que no se libran con armas, sino con palabras. Juan Carlos Rufanacht, escritor paranaense, supo convertir el dolor en poesía, el recuerdo en homenaje. Su pluma, con la misma fuerza de un soldado en la trinchera, nos sumerge en la emoción de aquellos días, en el sacrificio de los combatientes, en la injusticia del olvido y en la necesidad de rendirles el honor que merecen.

Para vos, hermano mío

A continuación, compartimos el escrito de Juan Carlos Rufanacht, un poema que nos transporta al corazón de Malvinas, un homenaje a quienes lucharon y a quienes nunca regresaron.

«Fue en un domingo especial, cumpleaños de un amigo,
alrededor de una mesa que entre todos compartíamos,
primero vino el asado y empanadas y algún vino
y después hubo guitarra, canciones y recitados,
con mucho calor humano y un mejor compañerismo,
de pronto se apersonó para mí un desconocido,
borceguíes, una gorra, ropa como de fajina,
resultó ser un soldado que ha combatido en Malvinas
y se me erizó la piel, se me hizo piel de gallina,
de pensar que ese señor allá en el 82,
se embarcó con un fusil que no sé si funcionaba,
el tema es que allá marchó a defender a la patria,
18 recién cumplidos, nunca había matado nada,
pero órdenes son órdenes y debían acatarlas,
yo creo ser buen argentino y amo a mi celeste y blanca,
pero no acepto la guerra, siempre voy a cuestionarla
es que Dios nos dio la vida y solo él puede quitarla,
cuando nos llegue el momento, no con bombas ni con balas,
nunca por obra del odio, ambiciones ni venganzas,
porque en la guerra se pierde, nunca nadie ha ganado nada
solamente se enriquecen los que nos venden las armas,
me imagino ese muchacho al recibir esa carta
que debía presentarse urgente para partir
y no alcanzó a saludar a su novia, a sus hermanos,
a los padres, los amigos, al barrio donde nació
por estar bajo bandera y a las Malvinas marchó
nosotros viendo un mundial y él metido en la trinchera,
mojado hasta las rodillas, con nieve hasta en las orejas,
colgado al cuello, un rosario que un jefe le repartiera,
en la izquierda una pistola y el fusil en su derecha.
Noches con hambre y con frío y tan lejos de su tierra,
barcos ingleses enfrente y las bombas que no cesan,
un compañero caído y no tener ni unas vendas
para curar las heridas en esa maldita guerra.
Ni hablar de los que quedaron, abonando esas praderas,
bajo algunas cruces blancas, igualitas, todas ellas
soldados desconocidos rezan en sus cabeceras
y fueron hermanos nuestros que en aquel abril partieran,
los que volvieron al tiempo cuando se firmó la paz,
héroes en todo sentido, por su valor, su coraje,
quizás han sentido miedo, es lo que yo me imagino
pero ya están con nosotros y a todos los felicito,
he leído algunos libros con testimonios escritos
por gente que la vivió, periodistas o conscriptos,
donde cuentan del horror por todos ellos vivido
algunos cuando volvieron no conseguían trabajo,
muchos les dieron la espalda y andaban sin rumbo fijo,
sé que hasta se han suicidado, ¡por Dios!, que injusto el destino
vaya mi mayor respeto para esos hermanos míos,
que Dios les dé lo mejor, se lo tienen merecido,
que los ilumine siempre con familia, con amigos,
con amor y mucha paz hasta el final del camino.»

“Querida provincia amada”, por Juan Carlos RufanachtJuan Carlos Rufanacht, escritor paranaense

 

 

Malvinas, siempre en el alma

El 2 de abril no es solo un día de conmemoración. Es una promesa de memoria. Es el compromiso de un país entero de no olvidar jamás a quienes lucharon, a quienes partieron y a quienes, como Juan Carlos Rufanacht, los honran con la única arma que la historia no puede silenciar: la palabra.

Porque Malvinas no se olvida. Malvinas vive en cada argentino que lleva en el corazón el sacrificio de sus héroes. Y en cada verso que, como el de Rufanacht, mantiene viva la llama de su recuerdo.

Fuente. FM Litoral

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