“Prendemos las pantallas, apagamos a los niños”

“Prendemos las pantallas, apagamos a los niños”


La licenciada en psicología Tamara Zarb Borda en dialogo con Voces del Mediodía, en FM Litoral, donde lanzó una advertencia firme: el uso de pantallas en la primera infancia está interfiriendo con el desarrollo emocional, neurológico y vincular de los niños. “Las consecuencias son profundas y a largo plazo. Esto ya no es solo una cuestión educativa: es salud pública”.

En tiempos donde los dispositivos digitales se han convertido en el “chupete emocional” de la era moderna, la psicóloga Tamara Zarb Borda encendió las alarmas durante una entrevista con Voces del Mediodía, el programa conducido por Verónica Flores y Juan Cruz Bosani en FM Litoral. Frente al creciente uso de celulares, tablets y pantallas desde edades cada vez más tempranas, Zarb Borda fue clara: “Hoy, cuando prendemos las pantallas, apagamos a los niños”.

Desde su experiencia clínica, compartió que cada vez más familias consultan por irritabilidad, insomnio, retrocesos en el lenguaje, hiperactividad y dificultades de aprendizaje en niños pequeños, sin saber que muchas de esas señales están vinculadas directamente al uso excesivo y desregulado de la tecnología.

“Hasta los 3 años no debería haber pantallas de ningún tipo. El cerebro necesita vida real, contacto humano, juego. No es un capricho: es desarrollo neurológico puro.”

Las consecuencias: invisibles pero profundas

La especialista remarcó que los efectos no siempre se notan al principio, pero son duraderos. Entre los síntomas más frecuentes observados por profesionales están:

  • Trastornos del sueño

  • Irritabilidad y explosiones emocionales

  • Déficit en el lenguaje

  • Dificultades para concentrarse y aprender

  • Problemas de sociabilización

  • Aumento de la ansiedad

Además, alertó que el juego ha perdido protagonismo en la vida de los chicos, desplazado por las pantallas. “El juego es el gran revelador emocional en la infancia. Es a través del juego que los niños elaboran el mundo que los rodea y se desarrollan emocionalmente. Sin juego, no hay ni infancia ni salud mental.”

¿Cómo actuar cuando el uso ya está instalado?

Ante la consulta de qué hacer cuando el uso de pantallas ya es parte del día a día familiar, Zarb Borda ofreció herramientas prácticas:

  • Siempre ofrecer alternativas previas a la pantalla. Cocinar juntos, armar un rompecabezas, leer un cuento.

  • Establecer horarios claros. Las pantallas no pueden ser un comodín constante. Deben tener un tiempo y un lugar.

  • Preferir TV o tablet al celular. El celular es de “uso nómade” y está siempre a mano, lo que fomenta un consumo constante e irrefrenable.

  • Evitar YouTube. Hasta los 16 años no se recomienda el acceso libre a redes sociales ni a plataformas con contenido incontrolable.

  • Compartir el uso. Ver juntos qué están mirando los niños, interactuar, hacer preguntas. “No se trata solo de regular contenido, sino de sostener el vínculo humano”, remarcó.

No, los niños no pueden autorregularse

Uno de los errores más comunes, explicó, es creer que los niños pueden decidir cuánto usar las pantallas. “Eso es una fantasía adulta. El autocontrol neurológico recién empieza a consolidarse en la adolescencia. Mientras tanto, es el adulto el que debe poner los límites.”

Tampoco sirve culpar únicamente a las familias. “Esto no es solo un tema de límites, sino un fenómeno social, cultural, económico. Los adultos también estamos atrapados por las pantallas. Es difícil pedirles a los niños que hagan algo que ni siquiera nosotros logramos hacer.”

Escuelas, celulares y acuerdos

Consultada sobre el uso de celulares en la escuela, Zarb Borda fue enfática: “Hay un mito muy instalado de que el celular garantiza el control de los adultos, pero no es así. Dentro del celular pasan muchas cosas que los padres no ven. Además, genera aislamiento: lejos de integrarlos, muchas veces los deja más solos.”

Por eso llamó a establecer normas claras y acuerdos compartidos entre escuelas y familias. Y sugirió que, en caso de necesidad, los niños podrían tener celulares básicos, sin acceso a redes sociales, solo con funciones de mensajería o llamadas.

El mensaje final: ni demonizar ni romantizar, sino regular

Tamara Zarb Borda no propone demonizar la tecnología, sino ponerla en su lugar. Regular, acompañar, vincular. Y sobre todo, recuperar el juego, el vínculo y la palabra.

“Cuando le damos el celular porque llora, porque se aburre, porque está irritable… lo que evitamos es mirar, hablar, contener. Nos evitamos el trabajo de estar, y eso tiene consecuencias. Lo que está en juego es el bienestar emocional de nuestros hijos.”

Fuente: FM Litoral

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